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Estudio: carreteras en el sur abren paso a minería, hidroeléctricas y agronegocio

PIEB, 30 de septiembre 2015.- Las experiencias de otros países, como Colombia y Perú, donde la Iniciativa para la Integración de la Infraestructura Regional Suramericana (IIRSA) sí pudo construir infraestructura, a diferencia de Bolivia en el caso del TIPNIS, ha mostrado que esas carreteras e hidroeléctricas son para abrir paso a la explotación minero energética y a la expansión del agronegocio.

La IIRSA es el megaproyecto más grande del mundo en términos de extensión geográfica y de dinero para financiar esas obras, más de 550 obras de infraestructura, principalmente carreteras e hidroeléctricas, dice el investigador y doctor en geografía de la Universidad Federal Fluminense de Brasil, el colombiano Milson Betancourt, politólogo y especialista en asuntos del Sur. El investigador conversó con el Periódico Digital del PIEB en el marco del Tercer Foro Andino Amazónico de Desarrollo Rural, realizado el La Paz, con el apoyo de una alianza de CIPCA, el IPDRS, Fundación TIERRA, CIDES-UMSA y Acción Cultural Loyola (ACLO) de Bolivia, junto a otras entidades Perú, Brasil y Ecuador.

Betancourt explica que la IIRSA tiene sus orígenes en los 70, sobre la base de ejes de integración y desarrollo que potencien el crecimiento económico del Brasil, especialmente del sudeste brasileño hacia la amazonia y posteriormente hacia los países vecinos. La idea es llegar a las costas de Pacífico para dar paso a sus exportaciones minero-energéticas.

Los proyectos se desarrollan con capitales netamente privados, pero también de economía mixta. “Es un acuerdo concertado entre Estados y ha ganado tanto en financiamiento como en niveles de coordinación de la gestión. Cuando nace la IIRSA en el 2000 parece un plan utópico, pero al paso de los años hemos visto que se ha creado comisiones de coordinación, planeación y seguimiento que se encuentran periódicamente para definir cuáles son las obras prioritarias y donde se invierte primero, eso era una coordinación permanente entre los países sudamericanos”, explica Betancourt.

Aunque en el Territorio Indígena y Parque Nacional Isiboro Sécure (TIPNIS) no se ha concretado la construcción de la carretera, Milson Betancourt explica que en los otros casos que ha estudiado hay impactos que se pueden notar. En el caso de Madre de Dios (Perú) se construyó la carretera hace cinco años, desde Cusco, Puerto Maldonado, hasta la frontera con Brasil. En este tiempo “toda” la zona cercana al pie de monte ha sido concesionada para la explotación de oro, el bosque se ha devastado con ese propósito, hubo una migración de 200 mil mineros al lugar, aumentó la explotación de mujeres para la prostitución, la contaminación de los ríos con cianuro y mercurio, se ha abierto la frontera agrícola, especialmente ganadera, para monocultivos (palma aceitera para agrocombustibles); y aparecieron concesiones petroleras especialmente a empresas estadounidenses.

El Putumayo (Colombia) está cruzado por dos ejes de la IIRSA y el avance de la obras está a medio camino. En este caso hubo un acceso privilegiado de sectores empresariales que se asociaron con grupos paramilitares y desocuparon con violencia las zonas donde estaba proyectado construir las obras de la IIRSA. “En 10 a 15 años fueron expulsados de sus tierras miles de campesinos y de indígenas; hoy en día ellos no controlan más del 8% del territorio, están totalmente arrinconados en las últimas periferias del departamento, y viven el avance de la explotación petrolera, prácticamente el 80% del departamento está concesionado para minería, hay el proyecto de construcción de una hidroeléctrica que va a posibilitar la llegada de multinacionales”, dice Betancourt.

El investigador tiene 15 años haciendo seguimiento a las actividades de la IIRSA. Milson Betancourt dice: “Las estrategias de la IIRSA han cambiado a nivel geopolítico sudamericano y a nivel nacional. Frente a todos los conflictos que viene desatando la IIRSA en todos los países sudamericanos ya no se presenta como megaproyecto… Ha habido una estrategia de invisibilización, por ejemplo la carretera (por el TIPNIS) ya no aparece como un proyecto oficial de la IIRSA pero sigue apareciendo en 2002. Para entrar a ver los mapas hay que entrar proyecto por proyecto, son 550 proyectos. En el Laboratorio (de Movimientos Sociales y Territorialidades) estamos tratando de reconstruir ese mapa general de Sudamérica que muestre el tamaño del monstruo. Es mucho más operativo y funcional hoy en día, porque tiene comisiones nacionales y sudamericanas que permiten la coordinación, la gestión de su implementación, la priorización de algunas obras”.

En su criterio, la amazonia andina es tal vez la región geográfica del mundo y de Sudamérica que menos ha sido afectada por las inversiones capitalistas, y eso la ha constituido en un refugio de territorialidades indígenas, donde habitan cerca de 300 pueblos indígenas y más de veinte pueblos en aislamiento voluntario, y eso sin contar la biodiversidad. “Esto quiere decir que la amazonia andina pasa de ser aquella periferia no integrada y no desarrollada de los países andinos, a ser el centro de conexión de la IIRSA, de sus diez ejes de integración”, dice.

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