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¿Hipocresía climática?

Alain Muñoz/CEJIS, 23 de febrero.- No debemos invocar una “Pachamama planetaria” en la ONU: ¡debemos demostrar como la protegemos en nuestro país!,

afirma una corriente crítica del pensamiento latinoamericano. Es posible erradicar la pobreza extrema y atenuar los impactos del cambio climático al mismo tiempo, afirma otra.

Nadie es inocente

 “Los discursos en Naciones Unidas ya no pueden ser invocando a una Madre Tierra planetaria, sino a ejemplos concretos sobre cómo se protege la Pacha Mama dentro de cada país”, afirman Gerardo Honty y Eduardo Gudynas.[i]

Existe mucha hipocresía en las negociaciones internacionales para el cambio climático, opinan ambos, mientras que Honty dice “nadie es inocente”, en un artículo individual relacionado con la cumbre de Lima 2014.

Cada país intenta desembarazarse de su responsabilidad en cambio climático endilgando responsabilidades mayores a otro. Estados Unidos culpa a China por tener mayores emisiones mundiales. China culpa a Estados Unidos por haber tenido más emisiones que el resto del mundo los últimos cien años.

Lo cierto es que industrias norteamericanas trabajan en China emitiendo lo que ya no pueden emitir en su país. También es cierto que la nueva burguesía china se enriquece mucho vendiendo a estadounidenses productos fabricados con grandes emisiones.

 

¿Cómo estamos en Latinoamérica?

 Honty también hace referencia a algunos países latinoamericanos. “Hablan de sus planes de mitigación y cómo siembran molinos de viento para reducir sus emisiones”, asevera, pero venden todo el petróleo y el gas que pueden a países ricos. Así es quemado fuera de sus fronteras, sin aumentar sus emisiones nacionales de gases de efecto invernadero.

Con esas ganancias, los gobiernos latinoamericanos subsidian el combustible que consumen internamente. En muchos países, es más barato que el agua, con la excusa de aliviar los costos energéticos de los más pobres.

Pero en realidad, lujosas camionetas 4 x 4 se multiplican en las urbes latinoamericanas, malgastando combustible subsidiado. Uno de los grandes sueños latinoamericanos es el auto propio, por el que circularán más de 100 millones de vehículos adicionales los próximos 15 años, indica Honty.

 

Esos autos son fabricados en China o India, con licencias o capitales europeos. Estos, con actitud de duelo, anuncian grandes recortes a sus emisiones locales, mientras recogen grandes ganancias por ventas de autos en el tercer mundo.

Honty menciona el ejemplo del auto Premier Rio, que se ensambla en India, con tecnología norteamericana, motor francés, y se vende en Sudáfrica ¿Quién es responsable de sus emisiones de gases de efecto invernadero, incluyendo su fabricación, transporte, comercialización, y uso?

La diferencia no es entre países desarrollados y no desarrollados: es entre los pobres y los ricos en todos los países del mundo. Es entre los que disfrutan del festín y los que no les llega el crecimiento, ni una sola gota del despilfarro mundial, y ni siquiera lo pueden mirar por televisión, afirma Honty.

Están los que hacen dinero a costa del clima en todos los países y, por otro lado, las 2.500 millones de personas en el mundo que aún tienen que cocinar con bosta, o con poquísima leña, cada vez más escasa y costosa. Mientras no se comprenda esto, los países seguirán debatiendo quien es el mayor culpable, sin reconocer jamás que ninguno es inocente, sentencia Honty.

 

Luchar contra la pobreza y el cambio climático simultáneamente

Los Gobiernos pueden estar a la vanguardia de la lucha contra el cambio climático y, al mismo tiempo, erradicar la pobreza extrema, dice el Banco Mundial (BM) en su artículo El cambio climático complica los esfuerzos por poner fin a la pobreza.

Los más pobres sufren las peores consecuencias del cambio climático, porque viven en zonas vulnerables, y  tienen menos recursos para recuperarse de sus impactos. Escapar de la pobreza se hace más difícil para ellos, a medida que se agravan los impactos del cambio climático, indica el artículo.

Ejemplifica con el caso de cosechas perdidas por falta de lluvias, o casas destruidas por tormentas,  de pequeños agricultores familiares indígenas o campesinos, para mostrar la relación entre pobreza y cambio climático.

Si pierden una vaca por la hambruna de una sequía, pueden creer que su única opción para alimentar su familia es vender las pocas que le quedan a precios muy bajos, los únicos que puede conseguir, porque todos intentan vender sus vacas.

Puede que logren alimentar a su familia durante la sequía, pero perderán su patrimonio productivo. Así es menos probable que asuman nuevos riesgos para aumentar sus ingresos,  que sus hijos sigan yendo a la escuela, y que toda la familia siga luchando por salir adelante.

El artículo del BM cita un estudio de 25 años en hogares pobres de la India. Los fenómenos climáticos fue la causa mencionada por casi la mitad (el 44%) de los que se empobrecieron aún más.

Con el cambio climático se hace más difícil escapar de la pobreza, dice el artículo. Los Gobiernos deberían mejorar la calidad de vida y las oportunidades de las personas más vulnerables, con acciones que al mismo tiempo atenúen las causas del cambio climático, recomienda el BM.

La Comisión Económica para América Latina (CEPAL)

Los expertos llaman “adaptación” a prepararse para los impactos del cambio climático. Un reciente estudio de la CEPAL señala que el costo de la “adaptación” no superaría el 0.5% del Producto Interno Bruto (PIB) del continente, pero los impactos del cambio climático costarían entre el 1.5% y el 5%.

Con una cuarta parte del costo podemos “adaptarnos” ahora y ahorrarnos el resto, cambiando favorablemente la historia de las comunidades, los ecosistemas, y las actividades productivas.

Además de los economistas, coinciden científicos, líderes, y activistas, en que la “adaptación” al cambio climático, beneficia al desarrollo y al bienestar de los países, especialmente de sus poblaciones menos favorecidas.

La conclusión es que la agenda de adaptación al cambio climático coincide con la de erradicación de la pobreza en nuestro continente. Fundamentalmente, en  las poblaciones más vulnerables, entre las que se encuentran los pueblos indígenas.

Una octava parte de los bosques del mundo están en manos de poblaciones indígenas, informamos en un artículo anterior. Su deforestación es mucho menor que la del resto de bosques: 6 veces menos en la Amazonía de Bolivia, 11 veces menor en la de Brasil, y 20 veces menos en el Petén de Guatemala, informamos en otro artículo.

Los bosques indígenas del mundo evitarían emitir gases de efecto invernadero equivalentes a casi 30 veces más que las emitidas por los vehículos de pasajeros de todo el planeta, indicaba el mismo artículo.

También señalaba que los científicos recomendaban reconocer legalmente los derechos indígenas sobre bosques y hacerlos cumplir. Igualmente, darles asistencia técnica y compensarlos por los beneficios climáticos que brindan sus bosques. Así mismo,  garantizar que  decidan sobre las inversiones que afecten a sus bosques.

En Bolivia, los pueblos indígenas gestionan importantes extensiones de bosque en sus territorios.  Por ejemplo, Monte Verde tiene casi 950 mil hectáreas,  el Territorio Indígena Multiétnico más de 350 mil, y Lomerío más de 250 mil.

[i] Ambos son miembros del Centro Latinoamericano de Ecología Social (CLAES) y autores del libro “Cambio climático y transiciones al Buen vivir”.

Centro de Estudios Jurídicos e Investigación Social CEJIS,

Santa Cruz – Bolivia

Contactos:

cejis@cejis.org

alainmunoz@hotmail.com

mvargas@cejis.org

 

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CEJIS

Cejis.Org es una asociación boliviana sin fines de lucro que trabaja en el campo de los Derechos Humanos desde una perspectiva jurídico – social acompañando a los sectores de la sociedad cuya situación de indefensión y vulnerabilidad exige acompañamiento profesional y compromiso en la reivindicación del reconocimiento de sus derechos individuales y colectivos.